CAMP(ER) poesía de zapatos taciturnos

 

Un día vi un cuadro de un zapato. Otro día leí un libro de poesía que se titulaba Kitch. Pero hablaba del Camp.

Un día me compre algo para andar mas ligero. Otro día bese a una morena. Pero la morena besaba a otro.

Un día me compre un bocadillo. Otro día decidí probar un doner kebab de esos. Pero no estaba acertado.

Un día me dijeron, escribe algo. Otro día me puse a escribir. Pero me dio por escribir esto, que no se que significa.

Palabras- David Liquen

Bob-Art- GranBob

 

 

 

 

En estas que me marco

unos zapatos rojos y relindos

 por caminito (quel tiempo ha borrado)

y compro un vestido

pa una que era mi china malvada

- y que no le ajusta por la espalda-.

Y mira vos

que los estreno en otros lares

como a la media mañana

camino del dentista

cerca de los espumosos.

Y me mira los pies un negro.

Toda la gente de la ciudad miran arriba:

La lluvia (llovía hasta el aburrimiento)

Cuando saldrán las estrellas

El cielo encapotado

Todo eso miran.

Y ahí mis zapatos, que nadie los ve.

Solo el chico negro

repara en mis zapatos rojos y blancos

- como aquel poema blanco-

En fin. Caminemos.

 

 

 

 

Busqué por toda la ciudad con mar

 aquellos zapatos color del poema

-íbamos de la mano y nos esperaban-.

            Tomábamos café negro

 y algunos helados en blanco

y unos cordones bien chulos.

Llegábamos tarde a las tiendas

¿ porqué discutimos mi amor?

 si yo solo quiero caminar.

Eran blancos y negros,

como grandes, de payaso,

o de un tío que toca Jazz

- o lo escucha, al menos-.

Era el gran sueño de mi vida

Tener aquel par, como en una caja

Y mirarlos por las mañanas de alegría;

Y pasear por un pasillo corto, silbando Caravan.

 

 

 

Después me compré

unos zapatos que me regalaron

aunque eso sea imposible. Aunque sea incierto.

Pero bueno. Es lo que buscamos.

Eran de otros pies

mas caminados y valientes.

Habían andado la espesura,

bailantas y villas, favelas,

Caminos más del pecado.

No eran de mi número,

¡ y ya¡ , me dije.

Un poeta lento y menor

debe calzarse como mandan,

calzarse justo sin apartarse de los caminos

buscando “las sendas de los abuelos dormidos”.

pero no más. Ni menos

 

 

 

 

 

Mis primeros zapatos camp

fueron rojos de suela negra

( me digo esta mañana de Santo Domingo

 en un hotelito a juego por el malecón).

Duerme ahí cerca Lane

Y llueve al pasito.

No he andado mucho con ellos

y parezco alto, quizás desfigurado,

parezco loco

como la mujer que vende sus pinturas en la Conde

Queloqué? Mi hermana.

Cinco pesos ni loca.

Ciento cincuenta. Y cinco de la paleta.

Bueno, ahí nos arreglamos.

Que poesía de cifras.

Me duran esos zapatos rojos

sin pumas ni zarpazos,

sin esperar nada, apenas.

Sobreviven a este terrible silencio

 

Toma, te los devuelvo,

no puedo con ese azul tan inmenso,

no me siento cómodo ya.

Quiero unas botas de charco

-si es que quieres regalarme algo-

hasta las rodillas

y que combinen con un impermeable a juego,

como los pescadores de Sithingelm

hombres de barriga cervecera;

y que huela a pescado

bien fuerte, como tu cuerpo.

De esas botas que les gustan a los niños.

A los niños felices.

 

Hace mucho, un hombre me dijo,

enseña tus pies en Mónaco, que es una isla.

Los cubriré de zapatos.

El hombre murió hace poco.

Y me puse triste. Tan descalzo.

El hombre hablaba italiano,

por la puerta de atrás, quesunidioma,

y nunca llenó mis pies, tan suaves, tan de poeta.

Ahora los cubro de arena

en Bayahibe, el cactus que florece,

y luego camino,

y de a poco se va soltando

la triste arena de  las playas,

pero no toda,

siempre queda algo, como el recuerdo.

Pobre hombre, pobres pies